Cáncer de hígado

¿Pueden los problemas en el páncreas, como la pancreatitis, evolucionar en cáncer de hígado?

El cáncer de hígado, también conocido como carcinoma hepatocelular (CHC), es un tumor maligno que se origina principalmente en las células del hígado (hepatocitos). Generalmente se desarrolla en el contexto de una enfermedad hepática crónica, por lo que los principales grupos de riesgo son los que padecen cirrosis. Especialmente en los casos causados por los virus de la hepatitis B y C, y por el consumo excesivo de alcohol. Prevenir o tratar estas situaciones puede reducir las posibilidades de desarrollar la enfermedad. En los casos en los que la cirrosis está establecida y esto ya no es posible, el seguimiento constante de los casos, por parte de los especialistas, con exámenes de laboratorio e imagen, puede proporcionar un diagnóstico más temprano y aumentar las tasas de curación de la enfermedad, que si está avanzada tiene un mal pronóstico.

El páncreas es un órgano adyacente al hígado y produce, además de hormonas, enzimas que, junto con la bilis hepática, participan activamente en el proceso de digestión de los alimentos. Aunque se complementan, son, en cierto modo, funcionalmente independientes. Por lo tanto, la literatura no establece una relación directa entre los problemas que afectan al páncreas y el riesgo de desarrollar un carcinoma hepatocelular.

Lo que ocurre en el caso de la pancreatitis, es que una de sus principales causas es común a la cirrosis. El paciente alcohólico, a lo largo de su vida alcohólica, promueve un daño continuo en su páncreas e hígado. En algunos casos, se vuelven irreparables y evolucionan a pancreatitis crónica y cirrosis, respectivamente. En ambos casos, debido a la inflamación persistente, el riesgo de inicio de una neoplasia primaria es mayor y por ello la confusión en cuanto a la asociación entre una enfermedad y otra.
Sin embargo, hay una enfermedad del páncreas que tiene una fuerte relación con el hígado. Para comprender mejor, es importante aclarar el concepto de cáncer metastásico en el hígado. En esta situación, que en realidad es la más común, el tumor maligno que se instala en el órgano no surge de los hepatocitos, como en el cáncer hepatocelular.

Procede de células de otras partes del cuerpo, como la mama, el riñón o el pulmón, por ejemplo. En el cáncer de páncreas, existe una correspondencia muy estrecha entre la presencia de una masa pancreática (tumor primario) y la afectación hepática por metástasis (tumor secundario). El hígado es uno de los lugares de anidación preferidos por las células cancerosas del páncreas.

¿Beber socialmente, hasta tres veces a la semana, de dos a tres copas, provoca cáncer de hígado?

El alcohol es una toxina que tiene efectos nocivos para el hígado. La gran mayoría de las personas sólo la consumen esporádicamente y es poco probable que tengan problemas con ella a lo largo de su vida. Sin embargo, otros abusan del etanol, poniendo su salud en grave riesgo.
A medida que el alcohol es procesado por el hígado, libera radicales libres responsables del daño a los hepatocitos. Cuando esto ocurre de forma rutinaria, llega un momento en que el cuerpo pierde la capacidad de recuperarse de esta agresión. A continuación, la inflamación crónica persistente y persistente conduce a la fibrosis hepática, en un proceso conocido como cirrosis. Normalmente, esta condición, además de traer grandes complicaciones a la vida del paciente, también predispone fuertemente a la aparición del cáncer de hígado.

En realidad, no hay forma de predecir la sensibilidad de cada individuo al alcohol. Algunas personas son capaces de superar fácilmente las lesiones inducidas por el alcohol, y por mucho que consuman indiscriminadamente, nunca sufrirán consecuencias hepáticas mayores. Mientras que otros son constitucionalmente más frágiles y con un consumo moderado pueden desarrollar esteatosis hepática grave, hepatitis alcohólica, cirrosis y cáncer. En general, los estudios establecen que entre 35 y 70 gramos de alcohol al día serían ya dosis suficientes para causar secuelas irreparables a largo plazo. En términos prácticos, en promedio, esto corresponde a 7 a 13 bebidas por semana para las personas más sensibles y de 14 a 27 bebidas por semana para los más “fuertes”.

Tenga en cuenta que estas cifras no son tan alarmantes y representan sólo de 1 a 4 tragos por día de la semana, lo que no es difícil de alcanzar una vez establecido el hábito. Reserve las bebidas alcohólicas sólo para momentos especiales y beba con responsabilidad. Evita en la medida de lo posible que el alcohol forme parte de tu vida, porque para muchos puede ser un camino sin retorno.

¿Puede la grasa del hígado evolucionar en cáncer?

La presencia de grasa en el hígado durante un periodo prolongado puede provocar una grave inflamación del órgano que a su vez puede conducir a una cirrosis hepática, cirrosis del hígado e incluso el desarollo de cáncer.