Cáncer de próstata

¿Dónde está la próstata?

La próstata se encuentra en la parte inferior del abdomen masculino, debajo de la vejiga y delante del recto.

¿Para qué sirve la próstata?

La próstata produce y almacena parte del líquido seminal, que junto con los espermatozoides constituyen el semen.

¿Duele el examen de próstata?

El examen táctil causa una ligera molestia, pero sólo dura unos 5 segundos. Con el tacto, el médico palpa la próstata y puede analizar las anomalías. Es un examen que puede evaluar la salud del hombre y diagnosticar el cáncer de forma temprana.

¿La cirugía para la extirpación de este cáncer deja al hombre impotente?

La próstata es una pequeña glándula situada entre la vejiga y el pene y se encarga de producir un líquido lubricante rico en nutrientes para los espermatozoides. Está rodeado por una cápsula, a través de la cual pasan pequeños nervios responsables de la erección del pene. El cáncer es una neoplasia que se desarrolla a partir de las células prostáticas. Cuando todavía está confinado en la glándula, puede requerir tratamiento con radioterapia, terapia hormonal o cirugía. Y lo que permite al equipo médico definir la mejor estrategia terapéutica entre estas modalidades son factores individuales como la edad, las condiciones clínicas, el nivel de PSA, el tamaño y el grado de agresividad del tumor.

En los casos en que se recomienda el tratamiento quirúrgico, no es posible extirpar sólo la parte de la próstata afectada por el tumor. Es necesario extirparlo completamente, diseccionando cuidadosamente su cápsula, en una cirugía llamada prostatectomía radical. La realización de una prostatectomía requiere una gran habilidad. El objetivo del cirujano es eliminar todo el tejido glandular y con él el cáncer. Al mismo tiempo, es necesario conservar parte de la cápsula, donde se encuentran los nervios que participan en la erección y que, si se dañan, pueden perder su función. En términos simplificados, es como quitar la pulpa de un limón, dejando su cáscara intacta.

A veces, el procedimiento se vuelve técnicamente difícil, debido a las características anatómicas del propio paciente, o por el grado de invasión del tumor, que puede estar afectando a la región capsular. En ciertos casos, la extirpación de la próstata está condicionada a la lesión de los nervios y el urólogo no tiene elección. Invariablemente, en busca de una cura, una parte considerable de estos pacientes puede volverse impotente.

La buena noticia es que, en la mayoría de los casos, esto no ocurre. Es natural que, en los primeros días a meses después de la cirugía, aparezca la disfunción eréctil, pero esto ocurre debido a la inflamación de los nervios por la manipulación quirúrgica. Sin embargo, con el tiempo y con la ayuda de la fisioterapia y los medicamentos modernos, los resultados mejoran progresivamente. La tecnología ha proporcionado enormes avances en la medicina y las prostatectomías son cada vez más seguras. En manos experimentadas, las posibilidades de que se produzcan efectos adversos graves se reducen al mínimo y el paciente puede mantener casi siempre una buena calidad de vida permaneciendo activo sexualmente.

El antígeno prostático específico (PSA) es una proteína producida y secretada por las células de la próstata. En condiciones normales, este valor es bajo en la sangre. Sin embargo, en presencia de alteraciones de la próstata, puede elevarse a niveles alarmantes. Además del cáncer, hay otras afecciones benignas que provocan un aumento del PSA, entre ellas: los traumatismos, la prostatitis (infecciones) y, más comúnmente, la hiperplasia prostática benigna, que consiste en el crecimiento natural de la glándula con la edad. Por lo tanto, diferenciar estas situaciones es prácticamente imposible sólo con la dosis de PSA en sangre.

Además de una conversación exhaustiva con el médico y la prueba del PSA, el paciente debe someterse a un examen clínico, que consiste en el tacto rectal. Gracias a estos tres elementos, el examinador puede componer una hipótesis de diagnóstico más precisa y recomendar pruebas adicionales para confirmarla.

Incluso en presencia de una historia clínica compatible, un PSA elevado y un tacto rectal sospechoso de cáncer de próstata, suele ser necesaria una biopsia confirmatoria. Es un procedimiento relativamente sencillo, que se realiza bajo la guía de una ecografía. Además de confirmar el diagnóstico, la biopsia permite conocer el grado de afectación de la próstata y las características de agresividad de la enfermedad. Con esta información, es posible trazar la planificación terapéutica ideal para cada individuo.

¿Es suficiente la prueba del PSA para el diagnóstico?

El antígeno prostático específico (PSA) es una proteína producida y secretada por las células de la próstata. En condiciones normales, este valor es bajo en la sangre. Sin embargo, en presencia de alteraciones de la próstata, puede elevarse a niveles alarmantes. Además del cáncer, hay otras afecciones benignas que provocan un aumento del PSA, entre ellas: los traumatismos, la prostatitis (infecciones) y, más comúnmente, la hiperplasia prostática benigna, que consiste en el crecimiento natural de la glándula con la edad. Por lo tanto, diferenciar estas situaciones es prácticamente imposible sólo con la dosis de PSA en sangre.

Además de una conversación exhaustiva con el médico y la prueba del PSA, el paciente debe someterse a un examen clínico, que consiste en el tacto rectal. Gracias a estos tres elementos, el examinador puede componer una hipótesis de diagnóstico más precisa y recomendar pruebas adicionales para confirmarla.

Incluso en presencia de una historia clínica compatible, un PSA elevado y un tacto rectal sospechoso de cáncer de próstata, suele ser necesaria una biopsia confirmatoria. Es un procedimiento relativamente sencillo, que se realiza bajo la guía de una ecografía. Además de confirmar el diagnóstico, la biopsia permite conocer el grado de afectación de la próstata y las características de agresividad de la enfermedad. Con esta información, es posible trazar la planificación terapéutica ideal para cada individuo.

¿Influye la etnia/el color de la piel en el riesgo de cáncer de próstata?

Las tasas de cáncer de próstata en los hombres varían según su raza y etnia. En Estados Unidos, por ejemplo, en 2011, los hombres de raza negra tuvieron la mayor incidencia de la enfermedad, seguidos por los blancos, hispanos, asiáticos e indios americanos, respectivamente. Se desconocen las razones de estas diferencias, aunque estudios recientes sugieren que algunas mutaciones genéticas más presentes en los negros les predisponen a ello. Este es todavía un territorio de muchas incertidumbres y poco explorado. La verdadera justificación de esta disparidad requiere un estudio más profundo.